lunes 9 de noviembre de 2009

El Muro y los otros muros...

En estos momentos, cuando son las 18.42 hrs., se está conmemorando en Berlín (Alemania) la caída del muro que había sido levantado el 13 de agosto de 1961, cuando soldados de la República Democrática Alemana (RDA) y miembros de los servicios de seguridad de Alemania Oriental (STASI), comenzaron a dividir con alambradas la parte oriental de la ciudad de Berlín. Así, los vencedores de la segunda guerra mundial se repartían la influencia de Alemania: la parte occidental quedaría en manos de los norteamericanos, británicos y franceses; en tanto la oriental, sería pro-soviética. El muro que se levantó, posteriomente, sería uno de los símbolos de la llamada "Guerra Fría", período en el cual el mundo estuvo expectatante mientras las dos superpotencias, E.E.U.U y la U.R.S.S, pugnaban por la hegemonía planetaria. Como no recordar en Chile esa etapa de la historia de la Humanidad, si el golpe de Estado de septiembre de 1973 fue una de las páginas teñidas de sangre de aquel período.
Hoy, 28 años después de que ese muro fuese derrumbado, el 9 de noviembre de 1989, se conmemora también el fin de la "Guerra Fría". Cómo olvidar a Pink Floyd entonando "The Wall", disco grabado 10 años antes, en 1979, y que casi premonitoriamente emerge de manera mística hablando de los totalitarismos y las represiones (no sólo políticas sino también de conciencia). ¡Evidentemente es un día para conmemorar y levantar los brazos!
Pero, ojo, no cantemos victoria aún. Podemos alegrarnos, pero no abanicarnos de nuestro mentado "progreso civilizatorio". Tal como metafóricamente en 1973 Pink Floyd escribía "The Dark Side of the Moon", también después del muro de Berlín tenemos nuestro "lado oscuro de la luna". Hoy escuchaba de la construcción del muro (o conjunto de 8 muros defensivos) levantado por Marruecos, desde 1980, para protección de territorios y riquezas (minerales y pesqueras). Más cerca de nuestro continente está el muro levantado por el gobierno de George W. Bush, quien en octubre de 2006 firmó la "ley del muro" entre USA y México, con el fin de evitar las migraciones ilegales provenientes, principalmente, de México y otros países de América Latina.
En nuestros tiempos, hasta de una manera redundante y llena de términos rimbombantes, hablamos del mundo globalizado, pero no reparamos en aquellos muros que se están levantado en nuestras sociedades. Pareciera que el capitalismo global y la expansión de las comunicaciones nos han nublado la vista de los muros físicos y culturales que se estan erigiendo: las barreras migratorias, muchas veces inspiradas en contenidos racistas, son más comunes de lo que nos imaginamos, por ejemplo.
Justamente hoy, cuando celebramos la caída del "muro de la vergüenza", como también se le ha denominado al muro de Berlín, en el norte de América del Sur, dos estados están "levantado muros": Venezuela y Colombia. El primero, con un gobernante que ha llamado a su población a prepararse para la guerra.
Hay una máxima que dice que "las democracias no se hacen la guerra", esperemos que tanto el régimen de Chávez en Venezuela, y el de Uribe en Colombia, la crean.
Cristian Leyton ha escrito un artículo al respecto vinculando esta idea con lo que está sucediendo en estos días tanto en el mundo como en América Latina. Espero que lo lean y puedan comentar después.
Ver artículo de Leyton

lunes 26 de octubre de 2009

Difamadores: "Gomilalo" y "Piñera"... y un bonus

El humor nunca está demás, menos el humor político cargado de ironía y sarcasmos. Como no recordar en Chile la revista Topaze y las caricaturas varias donde desfilaban las figuras públicas, esas que en público debían (y deben) ser tratados de "honorables" e "ilustres", y que en privado recibían el desafío clandestino que los resituaba en la terrenal realidad... ya que, al parecer, a nuestros políticos les gusta mucho ser tratados como dioses olímpicos o todopoderosos mesías.
Pedro Urdemales, aquel gañán pícaro, representaba a los peones sometidos a las palabras siempre impositivas del patrón, pero que en la cultura popular era el paladín de la astucia del desposeído. Cómo no recordar a uno de los personajes más internacionales: Condorito. Una vez en Puerto Rico me encontré un ejemplar de la revista que lleva su nombre, pero con el típico lenguaje boricua. Un poltorro me dijo que él creció con Condorito y que pensaba que era original de la Isla del Encanto. ¡No me creyó que era chileno! Que patudez más grande!!! Si hasta estatua le hemos levantado a nuestro prócer de Pelotillehue, quien nos enseñó que el "roto Quezada" debía morir. Y que su perro debía llevar el nombre de la capital de Estados Unidos - no quiero pensar que lo puso por el presidente fundante de aquel país-.
Cuántos presidentes, parlamentarios, alcaldes y jefes varios de nuestros lugares de trabajo han sido receptores de nuestras despiadadas mofas: "el que sabe, sabe y el que no, es jefe!"; "¿Su hijo trabaja? No, es parlamentario". Consentimiento público, desafío clandestino.
La cultura popular es sabia...hay que escucharla. Salvo cuando el chiste sea dirigido en contra nuestra, ¿no?
En esta oportunidad les invito a ver un par de videos geniales, cargados de ironía, conocimiento de los personajes y sus hechos. Ah!, y de muy mal gusto... esto último, una razón ideal para verlos!!!
Uno de ellos ironiza con la figura del candidato de un conglomerado concertado, GOMILALO; el otro caricaturiza a un empresario que pretende el "poder"...¿no fue éste el nombre que le colocó a su perro?
Disfrútenlo, ríanse y pásenlo bien... a fin de cuentas, los políticos nos han provocado tantas preocupaciones, por que no en esta ocasión, que nos hagan reír.
Políticos y poderosos, no se olviden que el poder no se tiene, se ejerce...y todos tenemos poder. Y no es chiste.
VER VIDEOS: GOMILALO y PIÑERA.... Un bonus: LA SOLEDAD DE KAREN

La "deuda histórica" de los profesores...

Dos grandes temas copan hoy las portadas informativas en Chile: a) el conflicto mapuche y sus aristas (una de las más dramáticas son las repercusiones en los niños de la zona de conflicto), y b) el paro del magisterio por el reclamo de la llamada "deuda histórica", que algunos la están denominando "deuda moral".
¿Que tan legítima es esta reivindicación? ¿Por qué el gobierno de Michelle Bachelet la ha desconocido? Sin duda es un tema conflictivo, más aún cuando afecta a tantos miles de chilenos: los profesores en cuestión, y los alumnos de colegios municipalizados y sus respectivas familias (que dicho sea de paso, corresponden a lo sectores más vulnerables de la población).
Una primera mirada al problema nos lleva a ser solidarios con la causa del magisterio, pero ¿una mirada más informada nos podría hacer cambiar la opinión?
Por ello, quiero compartir con ustedes el artículo escrito por Mario Waissbluth, quien lidera el movimiento ciudadano Educación 2020, justamente en pro del mejoramiento de la educación chilena. Espero que este escrito les sea útil y puedan participar de los comentarios en torno a este tema tan discutido y discutible. Artículo de M. Waissbluth.

miércoles 14 de octubre de 2009

"Las primeras elecciones sin Pinochet"...

... En estos momentos estoy en Buenos Aires, y como se acostumbra cada vez que se visita otro país, la primera conversación es con el taxista. La pregunta de rigor, que viene de vuelta luego que uno ha hecho otras tantas es: "y que tal Pinochet". Bueno, el chofer del taxi no tiene por que saber que murió hace un tiempo. Pero la pregunta me motiva a escribir esta líneas, pues en diciembre próximo tendremos la primera elección presidencial sin Augusto Pinochet. El general que marcó la política (y las personas) en Chile, ya no está. Hay dos aspectos que quiero subayar en base a este punto. El primero dice relación que por primera vez la mayoría de los candidatos presidenciales votaron "No" en el plebiscito de 1988. Sólo uno de los 4 candidatos, Marco Enríquez-Ominami, no votó en aquel plebiscito, ya que contaba con 15 años en esa fecha; pero, sin duda -imagino- habría votado "No" en aquella oportunidad. No en vano su padre fue asesinado por los agentes del régimen militar. Por tanto, por vez primera tenemos candidatos no partidarios de la continuidad del ex dictador. Esto debe ser bien extraño para la derecha chilena que se considera tributaria del gobierno militar.
Un segundo punto trata de la relación de la figura de Pinochet y la Concertación de Partidos por la Democracia. Durante el siglo XX, la estructura del sistema político chileno está marcado por una conducta coalicionista. Los partidos de izquierda y derecha han establecido alianzas con un centro móvil, que hasta la década del los 60's ejerció una función moderadora (partido Radical) y que luego de 1965 fue ocupado por un centro rígido (Democracia Cristiana) que propició lapolarización del sistema hacia 1970. Han habido coaliciones desde fines del XIX en Chile. Por mencionar algunas: la Coalición Conservadora, la Alianza Liberal, el Frente Popular, el FRAP, la Unidad Popular, y las conocidas Concertación de Partidos por la Democracia y la Coalición por el Cambio (creada recientemente por la candidatura del derechista Sebastián Piñera y que es la extensión de la antigua Alianza por Chile).
Un punto en común es que las distintas coaliciones generalmente se forman para aunar fuerzas contra un "contendor" en común. No olvidemos que el Frente Popular surgió como respuesta a la directriz emanada por el Partido Comunista soviético para hacer frente a los avances del fascismo, tanto en Europa como en América. Para nuestro caso, la Concertación de Partidos por la Democracia emergió como un bloque opositor a la dictadura de Augusto Pinochet. El asunto es que las coaliciones tienen una condición "sine qua non": subordinar sus interes propios y postulados discrepantes en pro de la unidad de la coalición, al menos hasta que no exista o se debilite la "amenaza" común.
Ahora que ya no está Pinochet, ¿la Coalición de Partidos por la Democracia sufrirá alguna variación como sistema de partidos? Alguien podría argumentar, rápidamente, que el norte de este conglomerado político no era sólo la figura del ex general; pero, en la práctica, la ausencia de su figura necesariamente lleva a modificar los discursos legitimadores de su existencia. No es de extrañar, entonces, el espectáculo que estamos viendo: primarias "deficitarias" (por usar un eufemismo); candidatos del mismo sector en disputa (3 de los 4); escisión de líderes y grupos concertacionistas; parlamentarios "díscolos" -cuando no renuncian derechamente a la coalición que los llevó a aquella posición-, entre otros aspectos.
Las primeras elecciones sin Pinochet requieren de una mirada novedosa a la realidad nacional, por parte de las Coaliciones... todas. Esperemos que nuestra clase política ,y la sociedad en general, estén a la altura de los requerimientos de los tiempos.
Ver artículo realativo a lo dicho

martes 29 de septiembre de 2009

Derecha, Mercado y Estado

En América Latina, en general, y Chile, en particular, las derechas han jugado un rol protagónico en los destinos de nuestras sociedades. No debemos olvidar que los procesos independentistas son, en gran parte, tributarios ideológicamente de los grupos que hoy denominaríamos de derecha. De ahí, que no es menor adjudicarles un sitio en el análisis del desarrollo de nuestros Estados.
Entonces, ¿qué es la “derecha”? En general, la derecha es un término un tanto más difícil de precisar que el de la “izquierda”, que generalmente se organiza sobre la base de principios explícitos. Algunos han calificado la derecha sólo como “una variedad de respuestas a la izquierda”. Pero, no creo que ello ayude demasiado a identificar a este sector. Más bien, la derecha se estructura en rechazo a tendencias políticas igualitarias y liberadoras de un momento determinado, y a factores que, a su juicio, socavan el orden social y económico. Manifiesta un temor a que estos impulsos niveladores y aquellos ideales revolucionarios puedan debilitar algunos de sus más preciados tesoros sociales, a saber: el respeto por la autoridad, la propiedad privada, las tradiciones, la idea de familia, el territorio y la nación.
Los estudiosos de las derechas latinoamericanas, han descubierto la existencia del al menos dos tipos: a) la vieja derecha finisecular, que aceptaba el gobierno representativo y otros principios liberales; b) la nueva derecha, más autoritaria y antiliberal que su predecesora, se consolidó en América Latina después de la Primera Guerra Mundial. Ésta se caracterizó por despreciar la política electoral. Al respecto, creo que es necesario consignar que es más preciso para el estudio de la derecha, hablar de derechas, ya que este término da cuenta de que las derechas no son un conjunto único, no diferenciado.
Durante el siglo XIX, la oligarquía liberal que dirigían los destinos de Chile (que luego conformarán lo que políticamente conocemos como derecha), consideraban que el Estado debía proteger la vida, la propiedad y las fronteras. De lo demás de la vida nacional, se encargaba el sector mercantil, minero y terrateniente. Esta situación fue variando hacia la década de 1930, cuando luego de un arduo debate parlamentario y de algunos sucesos nefastos, como el terremoto de 1939 en el sur de Chile, la clase política asume el control del Estado y lo transforma en el impulsor del sistema económico. La antigua oligarquía (de derecha) entonces, representada por la SOFOFA (Sociedad de Fomento Fabril) y la SNA (Sociedad Nacional de Agricultura), fueron incapaces de ejercer el liderazgo económico. De esta manera comienza una cierta tradición estatista que por una especie de “contagio cultural e ideológico”, ha sido transversal a la población en general. No olvidemos que cada vez que hay un problema en transporte, salud, educación, etc. Se esgrime la necesidad que exista una empresa estatal de transporte, que la salud sea estatal (y no privada), y que la educación vuelva al Estado. Si hasta cuando fue el episodio de la colusión de farmacias se habló de una farmacia estatal. Pareciera que el Estado panacea resolverá los problemas de la comunidad.
Las Fuerzas armadas también han tenido una tradición estatista. Hasta que llegó el 11 de septiembre de 1973, cuando Augusto Pinochet se inclinó -no sin oposición- por el neoliberalismo. La década de los 70 vio nacer a nivel global un nuevo tipo de sistema económico: el capitalismo global; el cual, junto al avance tecnológico, constituyeron los pilares de lo que hoy denominamos “globalización”. El mundo cambio, y por ende, las relaciones sociales y económicas. A comienzos de los 80’s el neoliberalismo imperante requiere dos condiciones para desarrollarse: a) la jibarización del Estado y b) la privatización de las empresas. Al parecer esta receta funcionó, no sin costos sociales inmensos. No lo sabremos los chilenos que padecimos la recesión de la década de los ochenta. El “pateando piedras” de los prisioneros cobraba sentido.
La derecha, incondicional a la adopción de dicho modelo, se entregó a los brazos seductores del mercado. Después de todo había sido esta estrategia de desarrollo la que les había dado pingües beneficios y proporcionado estabilidad al gobierno, por supuesto protegiendo la empresa, sincerando las finanzas y fragmentando el tejido social. Todo iba bien en su modelo, claro que reconociendo las crisis periódicas y las desigualdades sociales (que, por lo demás, es colateral al capitalismo). Así llegó la crisis de 2008. Ella remeció el sistema capitalista global. Donde incluso personalidades como Alan Greenspan, gurú del neoliberalismo, admitió que el libre juego del mercado no era suficiente para dar bienestar y desarrollo y, a nuestro entender, gobernabilidad a los Estados.
De ahí que en el debate presidencial, Jorge Arrate, candidato de la izquierda, pudo proclamar los vicios del mercado y su tradición allendista, y nadie lo cuestionó. De ahí que, el candidato de la derecha –Sebastián Piñera- propuso lo que habría sido anatema hace unos pocos años atrás, una especie de “Sernac” para los bancos (¡!?), y hasta el mismo Eduardo Frei, quien ha sido el presidente más privatizador de los gobiernos de la Concertación sostuvo la idea de “más Estado y menos Mercado”. Marco Enríquez-Ominami, se sumó a esta crítica hacia el mercado, aunque se considere un liberal progresista.
¿Populismo? ¿Discursos engañosos que buscan atraer al electorado seduciéndolo con lo que éste quiere escuchar, pero que a la hora de gobernar no aplicarán? O ¿En verdad la derecha está convencida que el Estado y no el Mercado es la estrategia de desarrollo que debe aplicarse en Chile?, como dice un querido amigo, “juzgue usted señor lector”.
Recientemente, Andrés Benitez, Rector de la Universidad Adolfo Ibañez, escribió un artículo titulado "Son tan malas las ideas de la derecha", que polemiza en torno a la actitud de Piñera en el debate presidencial. Lo dejo con ustedes para su opinión.